Pintar es materializar un suspiro del alma. En esta pieza, busqué el contraste entre la profundidad de los magentas y malvas del entorno y la calidez acogedora del centro dorado. Es esa transición constante entre la complejidad de nuestra interna y la claridad que buscamos. ¿Hacia dónde camina ella? Hacia su propia paz.🪷
Despojarse del manto de la noche
para vestirse de cielo al amanecer.
Un viaje del alma que cruza mares
persiguiendo un sol que no quema,
un sol que abraza y revela.
Renacer en cada trazo, en cada color.
(Oleo sobre lienzo, 39,1 x 30 cm)
Pintar es materializar un suspiro del alma. En esta pieza, busqué el contraste entre la profundidad de los magentas y malvas del entorno y la calidez acogedora del centro dorado. Es esa transición constante entre la complejidad de nuestra interna y la claridad que buscamos. ¿Hacia dónde camina ella? Hacia su propia paz.🪷
Despojarse del manto de la noche
para vestirse de cielo al amanecer.
Un viaje del alma que cruza mares
persiguiendo un sol que no quema,
un sol que abraza y revela.
Renacer en cada trazo, en cada color.
(Oleo sobre lienzo, 39,1 x 30 cm)