En esta pintura el personaje femenino se acerca al umbral con la pureza de la entrega. Sostiene un ramo simple, una ofrenda tímida que brota del alma y busca elevarse hacia Dios.
Frente a ella, el universo despliega sus tesoros en una cascada de luz y cristales. Pero su mirada va más allá de la materia; ella sabe que la verdadera riqueza es despertar la esencia y emprender el sagrado retorno al cielo.
A la derecha, en las alturas, la alientan las siluetas de los que ya se han iluminado. Abajo, guarda la puerta que conduce de vuelta a la reencarnación. Sin embargo, este instante no pertenece a la tierra. Esta obra es una plegaria viviente, un casamiento místico entre el alma y la divinidad.
(Oleo sobre lienzo - 100 x 80 cm)
En esta pintura el personaje femenino se acerca al umbral con la pureza de la entrega. Sostiene un ramo simple, una ofrenda tímida que brota del alma y busca elevarse hacia Dios.
Frente a ella, el universo despliega sus tesoros en una cascada de luz y cristales. Pero su mirada va más allá de la materia; ella sabe que la verdadera riqueza es despertar la esencia y emprender el sagrado retorno al cielo.
A la derecha, en las alturas, la alientan las siluetas de los que ya se han iluminado. Abajo, guarda la puerta que conduce de vuelta a la reencarnación. Sin embargo, este instante no pertenece a la tierra. Esta obra es una plegaria viviente, un casamiento místico entre el alma y la divinidad.
(Oleo sobre lienzo - 100 x 80 cm)